domingo, 20 de septiembre de 2009

Adoro los domingos. Sobretodo los domingos en los que madrugo (aunque la noche anterior me acostara tardísimo), enciendo la radio de la cocina, que es tan vieja y está tan rota que según en qué parte de la mesa me siento a desayunar, se escuchan interferencias. Me tomo mi tiempo para preparar el café, y mastico las tostadas con mantequilla y mermelada de fresa mientras escucho las pocas noticias interesantes que puede haber en fin de semana. Bajo a comprar el periódico y el graciosete de mi kioskero me pregunta si me estoy haciendo el ajuar a base de tazas de los Beatles, y cuando subo a casa, pongo el Narrow Stairs de Death Cab For Cutie a todo volumen, que como estoy sola en casa, no molesta a nadie. Y leo el periódico con calma, deteniéndome una y otra vez en la sección de deportes: esta noche ganaremos la final.
¿A quién no le gustan los domingos así?

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